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José María Aznar llegó al gobierno en 1996 sin mayoría absoluta. En su primer mandato gobernó con el apoyo de los nacionalistas catalanes de CiU y los vascos del PNV. Fue un período de gobierno moderado, de reformas económicas liberales —privatizaciones, flexibilización del mercado laboral— y de consolidación fiscal para cumplir los criterios de entrada en el euro. España adoptó la moneda común en 1999.
La economía respondió bien. El desempleo, que había llegado al 24 por ciento en los años noventa, bajó de forma sostenida. El crédito era barato, la inversión extranjera fluía, el sector de la construcción se disparaba. Los españoles compraban pisos con hipotecas a largo plazo, seguros de que el precio nunca bajaría. Era el inicio de una burbuja inmobiliaria que tardaría años en explotar.
En 2000, Aznar obtuvo la mayoría absoluta. El cambio en su estilo de gobierno fue notable. Más seguro de sí mismo, adoptó posiciones más ideológicas y se distanció de los nacionalismos periféricos, con los que el conflicto se intensificó. En política exterior, se alineó firmemente con la administración de George W. Bush.
Esta alianza tuvo su momento más dramático en 2003, con la guerra de Irak. Aznar fue uno de los tres líderes europeos —junto a Blair y Berlusconi— que apoyaron la invasión. Más de un millón de personas salieron a las calles en Madrid y Barcelona en la manifestación más grande de la historia democrática española, gritando "No a la guerra". El gobierno ignoró la protesta. La popularidad de Aznar comenzó a caer.
El 11 de marzo de 2004, tres días antes de las elecciones generales, diez bombas estallaron en cuatro trenes de cercanías en Madrid. Murieron 191 personas y más de 1.800 resultaron heridas. Fue el mayor atentado terrorista de la historia española.
El gobierno de Aznar atribuyó inmediatamente el ataque a ETA, la organización vasca. Pero las pruebas apuntaban desde el primer momento a una célula islamista vinculada a Al Qaeda. El gobierno insistió en la pista vasca durante las horas previas a las elecciones, en lo que muchos interpretaron como un intento de ocultar la relación entre el apoyo a la guerra de Irak y el atentado.
La reacción ciudadana fue de furia. El Partido Popular perdió las elecciones de forma inesperada. El socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que nadie había considerado favorito, se convertía en el nuevo presidente del Gobierno. La gestión del 11-M quedó como la mancha más grave de la etapa de Aznar.
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