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Cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa en junio de 2018 mediante una moción de censura, su situación era extremadamente débil. El PSOE tenía solo 84 escaños en el Congreso, de un total de 350. Gobernaba gracias a los votos de Podemos, los nacionalistas catalanes y vascos, y otros grupos menores. Era el gobierno más débil de la democracia española.
En febrero de 2019, el Congreso rechazó los Presupuestos Generales del Estado. Sánchez convocó elecciones anticipadas. Era la primera de lo que serían cuatro elecciones generales en cuatro años —un récord en la historia democrática española que reflejaba la incapacidad del sistema político para producir mayorías estables.
En las elecciones de abril de 2019, emergió con fuerza un actor nuevo: Vox, un partido de extrema derecha fundado en 2013 por exdirigentes del Partido Popular. Con un discurso ultranacionalista, contrario a la inmigración, crítico del feminismo y abiertamente favorable a revertir el Estado de las Autonomías, Vox obtuvo 24 diputados. En las siguientes elecciones, de noviembre de 2019, subió a 52.
Era la primera vez desde la Transición que la extrema derecha conseguía representación significativa en el Parlamento español. La comparación con el ascenso de partidos similares en Francia, Italia o Alemania era inevitable. Vox cambió el eje del debate político, arrastrando al PP hacia posiciones más duras en temas de inmigración, feminismo y Cataluña.
Tras las elecciones de noviembre de 2019, Sánchez formó el primer gobierno de coalición de la democracia española, con Unidas Podemos —la confluencia de Podemos con Izquierda Unida— como socio. Pablo Iglesias se convirtió en vicepresidente segundo. Era un experimento sin precedentes en la política española reciente, que suscitó entusiasmo en la izquierda y alarma en la derecha.
Los primeros meses del gobierno estuvieron marcados por la pandemia de COVID-19. España fue uno de los países europeos más castigados por el virus en la primera oleada de 2020. El gobierno declaró el estado de alarma más largo de la historia democrática. La gestión de la pandemia fue objeto de fuertes controversias políticas.
A pesar de las dificultades, Sánchez logró aprobar los Presupuestos de 2021 y gobernar hasta el final de la legislatura. En 2023, las elecciones municipales y autonómicas de mayo mostraron una fuerte ventaja del PP, lo que llevó a Sánchez a convocar elecciones generales anticipadas para julio.
El resultado fue sorprendente: el PP ganó en votos pero no logró mayoría suficiente para gobernar con Vox. Sánchez, que había perdido las elecciones en número de escaños, logró articular una mayoría con Junts per Catalunya, ERC, PNV, Bildu y otros partidos menores. El precio fue una ley de amnistía para los implicados en el referéndum ilegal catalán de 2017, que generó manifestaciones masivas y una profunda división en la sociedad española.
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