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Durante siglos, la Iglesia católica y el Estado español estuvieron íntimamente unidos. La Inquisición fue un instrumento del poder civil tanto como del religioso. La conquista de América se hizo bajo el signo de la evangelización. En el siglo XIX, las guerras carlistas enfrentaron a liberales secularizadores con conservadores defensores del trono y el altar.
Bajo el franquismo, la alianza entre la dictadura y la Iglesia alcanzó su máxima expresión. El régimen se definía como una "cruzada" al servicio de la civilización cristiana. La Iglesia recibió privilegios extraordinarios: control de la educación, financiación pública, presencia en los medios, exención de impuestos. A cambio, legitimaba el régimen desde los púlpitos y bendecía a sus soldados.
La Transición y los años posteriores trajeron una secularización social vertiginosa. La práctica religiosa cayó de forma constante. Las generaciones nacidas después del franquismo se alejaron de la Iglesia. Los matrimonios religiosos disminuyeron, los bautismos bajaron, los seminarios se vaciaron. España, que había sido uno de los países más católicos de Europa, pasó a ser uno de los más secularizados en pocas décadas.
Las reformas legales reflejaron este cambio: el divorcio en 1981, el aborto en 1985, el matrimonio igualitario en 2005. Cada una de estas leyes fue combatida por la jerarquía eclesiástica con más o menos intensidad. La Iglesia organizó manifestaciones masivas contra algunas de ellas, mostrando que todavía tenía capacidad de movilización, aunque ya no de determinar las decisiones políticas.
Hoy, el debate sobre la Iglesia y el Estado en España gira principalmente en torno a dos cuestiones: la financiación pública de la Iglesia —que recibe del Estado cientos de millones al año a través de la asignación tributaria y otras vías— y la presencia de la religión en la educación pública. Los partidos de izquierda y los independentistas reclaman una separación más neta entre las instituciones religiosas y el Estado. La derecha y los sectores católicos defienden el modelo actual como reflejo de la importancia histórica y social del catolicismo en España.
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